viernes 4 de diciembre de 2009

Paraíso travel: ojos en el laberinto

Reina vive en Medellín y añora llegar a Nueva York. Marlon añora y ama de manera obstinada a Reina y hace lo que sea por seguirla. De ahí que la película se transforme en una historia de amor, de búsqueda constante, representando el deseo del inmigrante latinoamericano por llegar a EE.UU, relatado a su vez en María llena eres de gracia y en una de los tres relatos de Babel ¿Cuánto de cierto y cuánto de lugar común hay detrás de esa idea?

Basada en la novela homónima de Jorge Franco, (2001) la película recupera el tono del viaje de aprendizaje y la de Nueva York como ciudad laberinto donde Marlon se pierde. Sin embargo, por sobre búsqueda del amor, el aprendizaje y la pérdida en el laberinto, la película desarrolla adecuadamente el tema de lo visual. Pone énfasis en los ojos, en la mirada que busca, en las oscuridades, pero también en los espejos. Éstos permiten dar pistas a Marlon para ir encontrándose en una ciudad extraña donde está perdido. En una ciudad monumental, de infinitos puntos de cruce para encontrar a Reina, termina encontrándose a él mismo. El metaencuadre especular permite cerrar el campo de la ciudad, primero, como primer plano, segundo, como espacio encerrado (en el baño del sótano de Tierra colombiana y luego en una discoteca).

La película pone énfasis en la mirada que se pierde en la ciudad monstruosa. Lo interesante es el proceso vivenciado por Marlon. La película no es una cadena de panorámicas de la urbe de la “gran manzana”, por el contrario, posa de manera acertada su mirada en Marlon, en la mirada de éste.

Director: Simón Brand.

Colombia,2008.

sábado 26 de septiembre de 2009

Películas piratas / Japón

Si no fuera por la industria pirata mi cine no sería conocido. Algo decía hace algunos meses Arturo Ripstein —director imprescindible en mi cinemateca o devedeteca—. Me tomo de esa afirmación y digo que si no fuera por esa industria que se instala en persas, ferias libres o universidades, no conoceríamos cierta escena cinematográfica, sobre todo la que no llega a las “grandes salas” o que llega en dos fugaces funciones a un perdido ciclo de cine o festival. No es menor que un director reconozca que el “pirateo” sirve para difundir su obra. De hecho, hace poco llegó a mis manos una película de él que me faltaba. Eso sí, no fue un "dealer", sino un cinéfilo serio como yo.
No descubro nada al afirmar que hay lugares de venta que todo cinéfilo maneja de boca en boca. Quienes atienden son verdaderos expertos en el tema que recomiendan cuando uno busca por temáticas. Incluso discriminan el cine de “Hollywood”: “no, no, de esas yo no”. Hace dos años mi amigo Simón Soto entrevistó a “dealer de películas” para lo que fue o es revista Bilis.
Si no fuera por el pirateo no veríamos cine, sobre todo en lo que respecta al cine latinoamericano. La última película que tengo es Japón (2002), de Carlos Reygadas. Una película mexicana con un aire a Rulfo y a Tarkovski. En ella el protagonista deja atrás Ciudad de México para preparar su muerte a un lugar retirado de la ciudad, en el campo —oposición obvia que funciona y no molesta—. Llama la atención el trabajo de la fotografía, los silencios y el viaje a la inversa, sin aprendizaje, sin su carácter iluminador. Un viaje para apagar las luces.
Comentar más es divagar y ufanarme sobre algo que muchos no han visto. Es mejor quedarse con la idea de que si no fuera por los piratas, veríamos solo una parte y no tendrían visibilidad ciertos proyectos cinematográficos. Eso.

lunes 31 de agosto de 2009

De Rokha: gemidos, cine y ciudad

Escupitajos / trozos urbanos e imágenes / visiones del cine desde De Rokha. El verdadero Pablo, arrebatado, gritón, exacerbado, crítico, hiperbólico e intenso... intenso e hiperbólico.


Cinematógrafo

Las solteronas, las suegras y los pedicuros, el perro idiota, gordo, consuetudinario e implume como las vacas, digamos, el hombre corriente, va a revolcarse gozoso en los charcos funestos del cinema, azules y románticos, románticos y azules… … …Sin embargo, no le sucede nada! ..nada!..nada!..

*

Oh! Dulce morfina para burros muy burros, biógrafo biógrafo; calentando viejas, calentando tontos, calentando frailes. Y corrompiendo, corrompiendo niños y niñas, niñas y niños, niños y niñas con el brebaje negro que exprimes comercialmente de las mamas podridas de lo pornográfico y el arte mediocre, ramera de lo bello, CINE, la estufa eres la vasta estufa de los degenerados y las gordas.

*

La pacotilla bucólica, fósil, retórica, lo roñoso de sentimentales, dolientes folletines elaborados en las farmacias muertas de la literatura, eso, todo eso y el canto obsceno y hediondo, obsceno, obsceno y hediondo a lujuria de viejo imbécil de las películas, eso y además, además la enorme inmoralidad de lo estúpido!.. ¡..




Fragmento del poema "La Ciudad", publicado en Los gemidos en 1922. Edición LOM, 1996.




sábado 15 de agosto de 2009

Mistral y el cine

En los años veinte, durante su estadía en México, Mistral se queja del cine -su industria hollywoodense- que estereotipa al mexicano, construyendo una idiosincrasia de éste, como débil y cobarde, destacando la animalidad del hombre y desenfreno de la mujer. Aquí algunos de sus dardos:

"El cine es, hoy por hoy, una especie de silabario universal en que todos leemos el mundo. EL público del cine es un público pasivo que no tiene nada del que asiste a la comedia dramática. Acepta la imagen como el niño acepta la definición. cada una de esas películas, inconcientes o venenosas, son pues, el silabario gráfico donde el mundo está aprendiendo el desprecio de país, quincena a quincena".

Gabriela Mistral. Revista Repertorio Americano (Costa Rica), 3 de Julio de 1926. Publicado en Avances de Hollywood: crítica cinematográfica en Latinoamérica, 1915-1945. Compilación de Jason Borge, 2007.

miércoles 6 de mayo de 2009

Gastando carreteras













Gastar carreteras. Avanzar / avanzar / avanzar. Gastar carreteras. Kilómetro 1 y muchos por gastar. De a dos. Compañeros cómplices u obstáculos, Bobby Perú en el horizonte frente a Sailor y Lula.

Quemar carreteras. Los bizarros Coral y Nicolás Estrella, ¿y Perdita Durango y Romeo Doloroa? También se suben a este viaje. De fondo escucho dos motos venir con Fonda y Hopper aparecer.

Un relato festivo de los Tortolitos en ¿Quién mató a la llamita blanca? poniendo a los pillos en escena, del mismo modo que el arrancar continuo de Caballos salvajes de Pyñeiro. Recuerdo a Gael García como espejismo del Che, aunque me quedo con su Y tu mamá también con Luna como “partner” y la Verdú como mi musa de “olgüeis”.

Y todos gastan carreteras en un desnudo, nimio y ocioso movimiento articulado por un proyecto de escape, búsqueda o desnudo, nimio y ocioso movimiento. Simple, nimio o mínimo como el de Carlos Sorín junto a su perro en Historias mínimas o la gran gesta colectiva de Familia rodante. Se mueven, transitan. Van. Gastan carreteras y no dejo de pensar en Asesinos por naturaleza con Micky y Mallori como héroes. Todos, todos, todos son héroes de sus gestas, unos peores, otros mejores. Todos con horrores. Todos proyectan y elucubran sus pequeños relatos. La mayoría deviene en derrota, otros se quedan donde mismo. Estancados postmovimiento. Arrancan, se van de donde no quieren estar y piensan que el nuevo lugar les dará lo que antes no tenían. Se mueven por joder, por evadir, por bailar, por robar, porque sí. Gastar carreteras. Kilómetro 1, el eterno comienzo del viaje.


domingo 19 de abril de 2009

Rudo y Cursi

De la tierra de Rulfo, Ripstein, Lucero y el Necaxa, llega Rudo y Cursi de Carlos Cuarón —hermano de Alfonso, el otro—. Dueño del guión de Y tu mamá también —dirigida por Alfonso—, ambas protagonizadas por Gael García y Diego Luna, lo que por ahora da lo mismo. Cierto. Pienso en el acierto de la elección de Francella —tal como antes acertó Alfonso con Maribel Verdú—, comediante argentino al que recuerdo de aquellos años noventa cuando La Red (canal 4) daba la Brigada cola, que a nadie más que a mí le importa. Programa que nadie recuerda por ahora.

Entre ciertos rasgos kitsch —no está mal— y algunas obviedades en su estructura —sí está mal— Francella logra encauzar el relato. Teñirlo de un tono inestable y de poca credibilidad que da su presencia. Francella en plenitud hace las veces de manejador y descubridor de estrellas del fútbol, una suerte de estafador amigo de sus representados: Rudo y Cursi. Francella maneja tanto jugadores, como la narración. Es la voz over, físicamente fuera de campo, pero dentro del campo sonoro. Nos guía por el triunfo y la derrota, a veces empate, del Rudo y del Cursi. Porque si se habla de fútbol se habla de la posibilidad de ganar o perder. Si es empate, siempre hay que tomarlo como triunfo o derrota. No hay segundas lecturas. Creo.

Vuelvo a Francella. La narración está puesta en sus manos. La elección de un comediante y no de una figura seria, creíble, permite enfrentar un relato como tal. Francella, en sus comedias siempre pierde. Ahora no es la excepción. En Rudo y Cursi, en apariencia, es un ganador, pero como en toda buena comedia, se exacerba la derrota para lograr el efecto de la risa. Derrota + derrota + derrota = risa. Si se le agrega un hilo conductor como Francella, esto da pie a un relato que en momentos logra su objetivo: el espejismo del triunfo, pero la constante derrota encubierta, la de los otros y la del mismo Francella.


Rudo y Cursi.
Carlos Cuarón. 2008. México

domingo 29 de marzo de 2009

El asadito

La imagen de un grupo de amigos que se junta a compartir un asadito. Simple. Nada de grandes excusas y menos de gestas veladas. La junta, la fiesta por la fiesta. La fiesta del ocio. Jarana amistosa, a veces aburrida, pero jarana al fin y al cabo.
El encierro abierto, en una terraza muy típica de los barrios bonaerenses. Un encierro en primer plano, en paralelo a una ciudad que avanza rauda a su ritmo diario.
Una imagen en blanco y negro coludida con una narración lenta que intenta exacerbar el tiempo muerto a través de la cadencia y nimiedad dramática de los relatos.
Un asadito que deviene en drama de amigos. Insignificante y tenso a la vez.
Apuesta por lo menor, por parte de Postiglione, con resultado abierto.

Argentina, 2000.
Dirección: Gustavo Postiglione